lunes, 1 de agosto de 2011

Sobre la igualdad ante la ley

Ser igual es, básicamente, no ser distinto. La igualdad que se propugna en la ley es, básicamente, que no hayan diferencias entre los humanos en el trato ante la ley. Sobre esto expondré, brevemente espero, sobre la cuestión de que los jueces paguen impuesto a las ganancias.
El primer argumento para decir que los jueces no deben pagar impuestos a las ganancias es que disminuyen sus ingresos y, digamos, no podrían desarrollar sus actividades con independencia, no podría tener imparcialidad. Si un juez, por pagar un impuesto, está inhibido de su buen labor, entonces debieramos pagarles sueldos infinitos para que su independencia sea absoluta y su imparcialidad sea total. Pero por suerte para muchos y lamentablemente para otros, no todo depende del dinero. En verdad sería más lógico que los jueces no puedan ver noticieros o mirar la televisión, ya que los tiñen de pasiones y prejuicios que no debe tener un juez, y eso sí sería verídico, como tampoco ser hinchas de un equipo ya que fallarían a favor o en contra del propio equipo o del rival respectivamente. En verdad es totalmente falso que con un impuesto que socave (relativamente) su sueldo se socave también la independencia judicial o imparcialidad. Inclusive si dichos jueces tuvieran muchas propiedades, muchos bienes en su haber sería más probable que su interés esté plasmado en su accionar judicial (por ejemplo, una propiedad de un juez que fue construida ilegalmente, si el mismo juez tuviera ese caso sería "juez y parte"), igualmente ese tema en particular no nos concierne.
Finalmente, el poder judicial no depende de su remuneración absolutamente para su quehacer jurídico.

Por otro lugar, siendo el poder judicial una posición de poder muy grande, este se autobeneficia en detrimento de la sociedad. Está la protectora de la ley corrompiendo su propia ley, la defensora de la igualdad corrompiendo su igualdad, la balanza equilibrada se equilibra hacia donde la voluntad del juez quiera. Que un juez diga que algo presente en la ley no es legal es como decir que una persona de Argentina no es argentino/a. Lo que el poder judicial en esos estratos hace es un abuso de poder, y como tal, es perfectamente punible. También vemos que podrían los jueces quitarse el impuesto al ABL, al gas, al agua, también esos impuestos le quitan independencia al poder judicial... claro.

Luego, ¿Cómo pueden no ser los jueces capaces de ser imparciales en su quehacer cotidiano con un impuesto a las ganancias y los médicos pueden salvar vidas con cuentas de luz y los profesores con el IVA siguen dando clases?, aquí se ve, entonces, que la práctica de la igualdad en la justicia (ser justo, en sí, es establecer una decisión "para todos" por así decirlo) se ve corrompida nuevamente, ya que no sólo esa medida sólo los beneficia a ellos, sino que no beneficia al conjunto de la población, y eso no es justo.

Finalmente, no estoy de acuerdo con que los jueces sean tratados de forma diferente a la ley, ya que ellos no son diferentes al resto de la población, no pertenecen a un extracto superior, ni pueden sacar provecho de su situación de poder.

lunes, 25 de julio de 2011

Sobre la fuerza de la ley

Cuando los seres nómadas se asentaron y formaron sociedad, la regulación para su correcto funcionamiento se delegó a un "jefe". Con el paso del tiempo estas sociedades se complejizaron y crecieron hasta llegar a ser faustosos imperios (metafóricamente, no todos). La cuestión es que ante el ser y no ser correcto o incorrecto algo, desde la centralidad del poder supremo de desición, los altos rangos de la política, forjaron lo que se le suele llamar ley. La ley es, palabras más palabras menos, "algo que debe ser cumplido", "algo que tiene que ser así", por ejemplo, la ley de gravedad, todas las cosas tienden al centro de la tierra, nada, que se sepa, pede refutar dicha ley (menos el centro mismo).
Vemos, no es ningún secreto, que la ley, lo "que debe ser así" es adulterado de su concepción originaria, por lo cual nos lleva o a la negación de la realidad o a la resignificación del término (cuándo no, las dos cosas). Si "lo que así debiera ser", aquel cosmos inalterable, la ley, se pierde, queda entonces el caos, lo que "así no debiera ser", la no-ley.
Entonces, ¿cuál es la forma de permanecer en la ley y no sumirse en el caos? La ley, en principio, no es necesariamente una entidad sacada del común acuerdo, puede ser una legislación puesta "de arriba", por lo que no es aceptada activamente por toda la sociedad. Sí es aceptada pasivamente por quienes no están de acuerdo con ella pero no hacen nada, porque el "no me gusta" se dispersa en el viento como un diente de león, cuando para no estar de acuerdo uno debe ser un león. En sí, la sociedad acepta toda ley, activa o pasivamente.
Mas la sociedad, lamentablemente para algunos y por suerte para otros, no es homogénea, no es toda una, que pueda hacer que todos aceptemos tal o cual cosa sin discordancias, por lo que va a ver, básicamente, gente que esté en contra o a favor, con sus matices, claramente. La sociedad es, naturalmente, una sociedad que se mueve en la ilegalidad ya que la ley no da su imperio con total satisfacción, ya que, como dijimos, no es homogenea la sociedad, por lo que en la sociedad, lejos de la concepción original de "ley", se corrompe todo el tiempo su "imperio". Vemos entonces que no sólo los gobiernos son corruptores de la ley, sino también la sociedad, cosa que también sabemos todos y no es ninguna ciencia.
La sociedad es aquella misma que actúa por miedo a morir, y por eso obedece al poder. El poder, aquel mismo que usa a la sociedad para su propio proyecto y goza de su poder amparado en la ley. Por más que se elija la ley indirectamente, es por medio del poder, y éste a través de la fuerza, con que se hace la política, es decir, el funcionamiento de la sociedad. Poder me refiero a los grupos económicos, entes militares, culturales, etc. Por fuerza a su manifestación. El poder sería la potencia y la fuerza el acto.
Por lo tanto es el poder a través de la fuerza quien controla a la sociedad, y un modo de adornarla es la ley, por la cual se ampara, cambiando, si se quiere, algunas cosas, y no obedeciendo, por otro a la misma. La ley termina amparandose en el humor del poder, ya que este controla a la sociedad.
Es, entonces, función de la ley es obedecer al poder como formalización de su fuerza ante la sociedad, es decir, un agente de control disfrazado de libertad.
Por lo cual, por más que el documento "ley" diga tal o cual cosa, es verdaderamente el poder y su feurza quienes deciden el desenlace de las historias.
También podemos incluir al poder de la fuerza de trabajo y a la fuerza de ella misma, pero justamente a la clase productora se le delega el papel de cumplir con la ley y obedecer al poder y su fuerza. O de otra manera, el prouctor debe cumplir con la voluntad del poder, que es su fuerza.
Y si la ley no estuviera de acuerdo con el interés del poder, acaso esta perdería valor. Por lo cual, la razón de ser de la ley es ser la voluntad formalizada del poder. El imperio de la ley es el imperio del poder.
Pero, ¿por qué acaso necesitaría la voluntad ser formalizada? No sería muy difícil ver que cuando hay un reglamento de fútbol que se cumple los jugadores pueden desarrollarse. En sí la razón de ser de la ley es dar un poco de libertad a cambio de obediencia. Esto es, a cambio de libertad te voy a dar la posibilidad de que hagas tales o cuales cosas para que no venga mi fuerza y te mate. Y sucede que la ley es un calmante para la fuerza productora. Digamos, más o menos la puedo zafar así, ¿para qué cambiar? ¿por qué hacer algo que desconozco si con estas reglas de juego, mal que mal, puedo estar medianamente bien? Vemos que hay un pacto que se da entre poder superior y poder inferior, este es, el superior ordena al inferior y lo controla, y el inferior le da obediencia a cambio de comodidad.
Por lo cual se suma a que el poder de la ley no es solo a partir de la voluntad del poder, sino también a través de la aceptación de la clase productora de la usurpadora de su explotación. Esto es, si hay una ley, esta será para que el usurpador tenga poder, formalizado pero poder en sí, y el productor esté cómodo, porque se hará, medianamente, así y así, según la ley.
Por lo tanto, la fuerza de la ley está dada por el humor del usurpador y la aceptación del productor. Y la ley es la formalización del poder del usurpador y la mediana seguridad del productor en una sociedad que, sin ley, sería anárquica y de un futuro incierto.

domingo, 24 de julio de 2011

Respuesta a Martín

El Sol sale de día,
las estrellas se revelan a la noche,
el agua va de arriba hacia abajo.
Que el Sol salga de noche,
que las estrellas estén en el día,
que el agua suba es, verdaderamente,
el deseo del humano.
Pero sin forzar al otro,
la voluntad se hace,
la voluntad de no voluntad,
el ser del no ser,
todo lo no forzado es lo natural,
lo natural es su propia ley.

domingo, 9 de enero de 2011

Invalores

Invalores podría ser la valoración propia en contexto de los valores tradicionales (solidaridad, amistad, etc.), en una costumbre de contraponer lo establecido con lo propio, siendo un contramolde, veamos, o daré a conocer, valores en tanto y en cuando mi introducción a esta sociedad (quiera o no, estoy sumergido), y en tanto y en cuando no mi contraposición sino mi postura. Anda la osa:

1. El primer lugar es el inicio y el pilar fundamental de la valoración que quisiera poner, quizás por la hora y que lo había pensado más o menos antes, podría decir que es la existencia propia.

2. Luego, en un plano externo, el conocimiento del otro como ente sufriente (personas, animales, plantas, ecosistemas, todo lo externo a mí).

3. Quizás seré criticado por esto, pero es muy importante, la valoración del silencio, no como la represión de la expresión sino como un consuelo tanto personal como externo, un complemento importantísimo para el segundo punto, pero que se injerta en el primero también, el silencio nos permite escuchar con mayor atención a lo uno y a lo otro (de nuevo, lo otro son personas, animales, plantas, ecosistemas, todo lo externo a mí).

4. Este es por el que, quizás, seré menos criticado: la valoración de la alegría, no como la ignorancia del mal, sino como la expresión, ahora sí, del sufrimiento interno, el silencio es del otro hacia mí, ahora es de mí hacia lo otro, buscando la pureza general de lo otro. Pureza general entendido como no el bien sino la salud de lo otro, es decir, no como una instancia meramente subjetiva del bien sino la comunión y paz no violenta explícita e inexplícita que se ejerce de mí hacia lo otro.

5. Tranquilidad y paz: en el terreno de la vida social es de vital importancia la tranquilidad y la quietud del alma; buscando cosas nuevas se descubren cosas inútiles, encontrando cosas sin buscarlas, y no buscarlas desde nosotros hacia afuera y de afuera hacia adentro, sino de lo otro y uno al mismo tiempo, es decir, la tranquilidad y la paz es la comunión (es decir, la no disputa violenta explícita e inexplícita) entre lo otro y yo.

6. Otro punto problemático tal vez sería el del no trabajo, se relaciona con la avidez de usufructo presente, ¿por qué trabajar 10 si me quedarán 7? Si necesito 7 hago 7, si necesito 8 hago 8, no es que por ser "re laburador" tenga que hacer de más y luego venderlo, alquilarlo, etc., no trabajar significa trabajar lo que se necesite trabajar, y el resto del tiempo usarlo para el próximo punto.

7. Alas: Poder volar es uno de los puntos de la valoración, y un punto importante. Volar es crear, es cultivarse, es hacer fértil la tierra de uno para comer los frutos del propio uno y, si se quiere, compartirlo.

Besos
Chu

lunes, 20 de diciembre de 2010

Shi De Yang

‘A menudo somos como un vaso
lleno de agua que está siendo
agitado: los sedimentos flotarán
por doquier y por lo tanto, el agua
se enturbiará. Debemos encontrar
una forma de lograr el sosiego
interno, dejar que el agua (que
es nuestra mente) permanezca en
calma; luego, todos los sedimentos
caerán lentamente al fondo,
dejando el agua limpia. Logrando
la paz y la armonía dentro de
nosotros. (...) Entrena duro y
llegarás a ser mucho mejor de lo
que jamás hayas creído poder ser
en las artes marciales y en todo lo
demás en la vida. (...) permanece
fuerte y sano en tu mente y tu
cuerpo, disfruta serenamente
de la vida, cualquiera que sea el
camino que se te presente.’

Shi De Yang

Shi De Yang, un gran maestro de kung fu,  lider espiritual del templo shaolin, a los treinta y tantos años es uno de los mayores exponentes de la cultura antigua de los monjes del templo, es uno mas, como cualquiera de nosotros, sin embargo entreno, y estudio muy duramente. Es un ejemplo de persona, justamente lo que él dice es que uno siempre puede mejorar como persona y en lo que sea que uno haga, si es que se esfuerza y se concentra en eso.